Conversación para hablar sobre cuentos

Andrés Osés, psicólogo y psicodramatista, con mucha experiencia en el trabajo con niños y adolescentes ,me ha invitado a conversar a su canal. Este es el resultado
¿Qué estamos pensando las mujeres?

Hace unos meses, Andrés y yo, nos preguntamos ¿qué escenas tendrían los sueños de la gente, en esta época caracterizada por la incertidumbre? Con el objetivo de responder esta pregunta, diseñamos un dispositivo grupal que tomó forma en el Taller online los sueños de cerca. Una mirada desde el psicodrama y los procesos grupales[1]. Este texto es una narración de lo que encontramos en este espacio. Las participantes del taller arriba mencionado, encontramos algunas respuestas a la mítica pregunta ¿Qué quieren las mujeres?[2] Una vez dadas las instrucciones de cómo funciona una sesión de Social Dreaming[3], el grupose cobijó en una pausa de silencio que fue interrumpida por un sueño paradójico que solo mostraba su lado divertido. Fue el primer movimiento para dejarse llevar por la fuerza creativa que emergía del co-inconsciente grupal[4] de las participantes. La matriz de sueños[5] se cristalizó, espontáneamente, en la relación madre-hija. Sueño a sueño compartido, el grupo tejió la ambivalencia de la relación madre-hija como espejos de un caleidoscopio. De cada imagen evocada, emergieron escenas de otros sueños, o de una película o una escena personal. La atmósfera grupal durante la matriz era onírica, casi silenciosa, llena de símbolos y escenas cargadas de significado. Cada contenido que se compartía reforzaba la unión íntima y dinámica del grupo. A continuación, describo los temas identificados en los patrones de asociaciones: La decepción de encontrarse con la madre frustrante que deja a la hija sumida en la confusión y la ausencia: “Buscaba no sé qué, muy confundida corría entre pasillos que no me llevaban a ningún lado”; “Gritaba y nadie respondía pensaba que moría, que ella me dejaría morir”. La añoranza de la madre nutritiva, que a veces se encuentra en la propia madre y otras muchas, en una mujer maternal que da a la hija lo que no pudo dar la propia madre, y de quien sí se puede recibir: “No quería nada de mi madre, pero la necesitaba; por suerte, una vecina que apenas conocía me enseñó lo que tenía que hacer con mi bebé… visto desde ahora pienso que ahí empecé a reconciliarme con mi madre”. La difícil tarea de separarse de la imagen especular de la madre dentro del yo: “Me da espanto parecerme a ella, no quería reproducirla en el trato con mi hija”; “De joven decía, no quiero ser como mi mamá, lo tenía claro; ahora, a veces me miro, miro lo que hago y me pregunto ¿soy yo o mi mamá?”. La pérdida y reparación de la madre idealizada: “El viaje ha sido largo para encontrarme en paz con mi madre en la misma habitación, he tenido que aprender a responsabilizarme y no a culparla.” Los conflictos que se reabren cuando llega el momento de ocupar el rol de madre en la relación con una hija, y descubrir que se llega solo a veces, y que la hija pude rechazar lo que ofrece la madre: “Mi hija me lleva a esto: ¿qué me falta para ser buena madre? Yo quiero cuidarla y amarla como necesita, pero ahora ella no quiere recibirme. Esto antes me hacía mucho daño, me ha costado aceptar que no soy la madre perfecta que quería ser, que mi hija me dice no, con rabia”; “No quería ni pensar en tener una hija; temía que no podría quererla”. El confuso papel del padre en esta dinámica entre mujeres; el padre aparece muchas veces ausente, otras, con una presencia hostil, pocas veces disponible. Esta figura es una presencia añorada, una mirada paterna que cuando es amable da a la hija valor, autoafirmación. La experiencia de la reparación de la relación con la madre conecta con una fuente inagotable de creatividad: “Sentirme hija y querida”; “Me sorprendía encontrar lugares nuevos que nunca había visto y que desde siempre habían estado ahí ”; “Las casas viejas de antes, ahora eran casas nuevas, o mi casa pero más bonita, con clores nítidos, más grande”. Tras un descanso, las participantes, con los contenidos de la matriz de sueños crearon dos sociodramas[6],que tenían la restricción de ser mudos a fin de dar protagonismo a la dimensión corporal del grupo.Cabe señalar que en la serie de sueños podrían encontrarse otras lecturas, pero estas son las que propuso el grupo en el momento del desarrollo del taller. El primero de ellos fue titulado “Ausencia”, en él los personajes exploraban en la búsqueda, el encuentro y el desencuentro del otro, la mirada ausente de la madre que se reclamaba en cada relación con poco éxito, el vacío que duele con el que hay que aprender a vivir para estar en paz. El otro sociodrama se centró en la maternidad, fue titulado “Naciendo y renaciendo”. Aquí se jugó con el confuso dinamismo de dar a luz y el primer periodo de la crianza; periodo donde se mezclaron la alegría con el miedo, el cansancio, la insatisfacción, la dificultad y la necesidad de conjugar roles, y de nuevo la alegría, la de reconocer al bebe, y más tarde, la valentía de dejar que la criatura crezca y se aleje. El grupo finalizó el trabajo experiencial refiriéndose a la angustia de encontrar el vacío y la alegría de encontrar a la madre afectiva que cobija, que da vida; algunas veces es la propia madre, otras veces es una amiga o un grupo: “Un abrazo donde se pueda descansar, soltar, donde se detenga el tiempo, eso da vida”. Comenzamos esta exposición planteándonos la pregunta ¿qué escenas tendrían los sueños de la gente, en esta época caracterizada por la incertidumbre? Y nos encontramos con respuestas a la mítica cuestión de ¿Qué quieren las mujeres? A partir de nuestra exploración, una de las cosas que queremos las mujeres es mejorar la relación con nuestras madres y, por extensión, con nosotras mismas. Para ir terminando, me queda por contar que terminamos este encuentro online con una buena retroalimentación grupal;las participantes estaban muy contentas por el trabajo realizado, sorprendidas de la profundidad de los temas elaborados, y la vitalidad que se
Reflexión grupal alrededor de «La contabilidad privada de Christian Malry» de B.S. Johnson (*)

Un viaje a la oscuridad del ser. La venganza no cuadra las cuentas La muerte resuelve el enigma El mal existe y podemos ser su vector Un ser carente, omnipotente: Sin ideología Sin Dios Sin alma Sin el Otro La convicción obsesiva alimenta la autodestrucción y conduce a la muerte estéril La ceguera del Otro es ausencia de alma e imposibilidad de redención No obstante, la locura del protagonista Christy Malry, nos llevó a pensar en la necesidad de catarsis y reparación de los agravios sufridos, para liberarnos hacia una vida mejor. «Le tengo rabia al silencio –cantaba Atahualpa Yupanqui– por todo lo que perdí. Que no se quede callado, quien quiera vivir feliz.» Aquí, cantado por Marie Laforet: https://www.youtube.com/watch?v=FAM_C0HP6NQ (*) Gracias a Ana Rosa y Manuela por su colaboración.
Para re-encontrarse con la navidad, un poema de Cummings.

Un canto pequeño, ingenuo, escrito por e.e. cummings, que refleja la nostalgia de la Navidad y, sobre todo, de la infancia.
¿Cómo decicir en tiempos de incertidumbre?

Quisiera penetrar poquito a poco en el muro de las incertidumbres despejar cada enigma de su enigma cada sospecha de sus amenazas. (M. Benedetti)[1] Escucho a primera hora que «se nos viene encima una crisis sin parangón«, apago la radio y tomo un sorbo de café. Vuelvo a encender la radio, en pocos minutos escucho hablar de rebrotes, contagios, control, irresponsabilidad, riesgo, amenaza, confinamiento. Apago la radio con hastío y temor. ¿Existirá algo como el vértigo apocalíptico? El futuro cercano me parece que está encogido, detrás de un muro negro. Pienso en la imagen pintada por Rousseau, Tigre con cazadores. El tigre agazapado bajo el verde de la selva, alerta, en hambrienta espera. Los cazadores saben que el animal asesino está cerca: ¿Pero dónde? Saben que el tigre los huele: ¿Nos cogerá o nos los quitaremos de en medio? Cada paso, es un gesto dónde se juegan la vida. Enfrentados a una amenaza tal, en la Grecia clásica, los seres humanos visitaban el templo de Delfos, para preguntarle a Apolo sobre qué les esperaba si emprendían esto o aquello, y con este oráculo, esperaban hacerse de garantías: ¿Esta alianza me conviene?, ¿me traicionará mi sucesor?, ¿tendré éxito en esta expedición?, ¿me conviene este matrimonio?… Preguntas lanzadas al cielo en momentos de tribulación. Pero, a día de hoy, ¿quién podría darme garantías frente a mis temores?: ¿Enfermaré?, ¿morirá alguien de mi entorno?, ¿moriré por esto?, ¿perderé el trabajo?, ¿me bajarán el sueldo?, ¿perderé a mis clientes?, ¿cómo cambiará mi suerte?… Cuando el visitante llegaba a Delfos debía purificarse, pagar una tarifa con antiquísimas proto-dracmas y ofrecer un sacrificio a Apolo. Un sacerdote tomaba nota de la pregunta del peregrino. El consultante se retiraba unos días a meditar. Pasado este periodo de reflexión, en el templo lo recibía la intermediaria de Apolo, la Pitia, suma sacerdotisa. La voz de dios hablaba por la boca de esta dama. Ella era el puente entre la consciencia y el saber inconsciente. El día señalado, la Pitia, sentada en un trípode y probablemente bajo un trance inducido, recibía al peregrino. Los sacerdotes le leían la pregunta y ella respondía, unos dicen que decía incoherencias que eran traducidas por los asistentes de la ceremonia, y otros dicen que la Pitia, respondía con calma y sensatez. Escribo mi pregunta y espero imprimirle tono ceremonial: ¿Qué es lo que más me conviene ahora? Y me quedo esperando en silencio. Y en la espera, me vienen estos versos de Antonio Machado: Cuatro cosas tiene el hombre que no sirven en la mar: ancla, gobernalle, remos, y miedo a naufragar.[2] Entiendo que la Pitia se ha dignado y me ha respondido. Ahora me toca entender: Me dice que lo que me conviene es abandonar mi falsa sensación de seguridad; una necesidad tanto más urgente hoy, cuando me toca navegar en mares desconocidos. Escribió Campbell: “El individuo no sabe hacia dónde se dirige, tampoco sabe qué lo empuja. Las líneas de comunicación entre la zona consciente y la inconsciente han sido cortadas, y nos hemos partido en dos». [3] Vuelvo a preguntar a la Pitia: ¿Cómo podría mejorar mi conexión interna y hacerme más sólida para este tiempo oscuro?, y espero su respuesta. Se activa en mi mente una frase de un prócer de Latinoamérica, de cuando los países de allí comenzaban a nacer: «Imiten con juicio; y para lo que les falte, inventen».[4] Entonces entiendo que la sacerdotisa me responde que lo que ayer valía, hoy también. No obstante, cuando la estructura deja de valer, dejarle paso a la capacidad de inventar, de crear, de imaginar, es el camino correcto. Tal vez sea porque es la voz de un latinoamericano, de cuando veníamos de independizarnos y estaba todo por hacer, la voz me llega con tono de advertencia. Me previene de auto-exigirme adaptarme a todo, ser flexible sin límites, de negar el riesgo y ver solo la oportunidad. La voz del prócer, me invita a confiar en mi conocimiento y experiencia, y a confiar en dar espacio a imaginar y crear cuando llego a mi límite. Llegada a este punto, me asalta esta frase como un golpe, no tener dinero me asusta. Entonces, ahora veo claro que esto es mi tigre agazapado en la selva, por lo que suelo optar por quedarme inmóvil, hasta que me doy cuenta que estoy bloqueada. Creo que se parece al miedo a naufragar que cantaba Machado. ¿Qué me pasaría si quedara sola y pobre en mitad de nada?, pregunto ahora a la Pitia y me siento un poquito menos bloqueada al hacerlo. Espero en silencio con el cuerpo extraviado. Tras un largo rato en blanco conecto con la última escena de «El festín de Babette».[5] «Se hizo un profundo silencio en la cocina. Luego dijo Martine: —Entonces, ahora será pobre toda su vida, Babette. —¿Pobre? —dijo Babette. Ella sonrió como para sí—. No, nunca seré pobre. Ya os he dicho que soy una gran artista. Una gran artista, Mesdames, jamás es pobre». Entiendo que la Pitia se ha vuelto a dirigir a mi, y me muestra que el camino es seguir abriendo mi imaginación, mi intuición y, sobre todo, mi libertad para utilizarlas, para ir evolucionando hacia ser la creadora de mi vida. Para eso, lo que me conviene, es profundizar en la confianza de poder contar con la imaginación y la intuición, como armas para transformar a los tigres feroces del exterior, en los miedos internos que sin darme cuenta alimento, y así ir despejando el campo de enigmas y amenazas. Amable lector, si has llegado hasta aquí, ahora es tu turno. Te quiero invitar a poner un poco de luz a un conocimiento que tienes y que no sabes que lo tienes, a empezar a (o seguir) en modo «reconectar el puente» del que hablaba Campbell: Llegados al final de esta reflexión, vuelvo a la pregunta inicial, ¿cómo decidir en tiempos de