La Rabia: sus Más y sus Menos (1)

Las emociones son el material con el que construimos la vida. Por esto es tan sano permitir que ellas fluyan por nuestro cuerpo, vivirlas, nombrarlas. Y, por esto mismo, es cierto que cuando ellas están bloqueadas, ignoradas, o exacerbadas, son, también, la raíz de la mayoría de nuestros problemas.   Las emociones sanas se caracterizan por ser intensas, afectan a todo el cuerpo y son de corta duración. Su función es conectar a quien las experimenta con el sentido y con la valoración de su experiencia. Es así como las emociones permiten fluir, detener, reparar, crear y crecer a través de los distintos momentos de la experiencia de cada una.   Las cinco emociones básicas son: alegría, amor, tristeza, miedo y rabia. Aquí, hoy nos ocupamos especialmente de esta última.   Lo primero que descubrimos es que la rabia y el miedo son próximas, tienen que ver con los mecanismos del estrés. Son respuestas auto-defensivas que se activan cuando percibimos amenazados tanto los límites de nuestra integridad física y/o psicológica como a nuestros vínculos.   Cuando percibimos que la amenaza nos supera, respondemos con miedo; entonces, la defensa es la huída, la evitación, el desmoronamiento. Nos posicionamos en el polo de la vulnerabilidad.   Por el contrario, cuando percibimos que la amenaza es inferior a nuestra capacidad de respuesta, respondemos con rabia. Entonces la defensa es el ataque, la estrategia ofensiva. Nos posicionamos en el polo de la potencia.   Es habitual que con gran facilidad las mujeres cambiemos la tonalidad de nuestra experiencia subjetiva a fin de adecuarla a lo que hemos aprendido acerca de quienes somos. En otras palabras: ajustamos nuestra realidad emocional a la imagen que creemos que los demás tienen de nosotras o la que queremos que los otros tengan y, lo más grave, nos auto-engañamos distorsionando nuestra subjetividad según nuestra auto-imagen.   Es así como en este eje de amenaza-rabia-miedo, lo habitual es que pasemos del miedo (que nos retraigamos frente a la amenaza), a la rabia (que nos mostremos iracundas cuando la amenaza está ausente) y viceversa.   Además, a algunas mujeres les es muy duro contactar con su vulnerabilidad, entonces se muestran agresivas, bruscas, distantes, hiperactivas, incluso solícitas. Los otros dependen de su gran potencia.   Otras mujeres, no se permiten a sí mismas mostrarse violentas y les sale la autovictimización, el desamparo, la queja y el aguante rumiante. Los otros son los responsables del dolor personal.   Ahora nos vamos a centrar en la rabia simple y llana. Existen diversas palabras para describir sus matices según su intensidad y su duración. Es así como desde el desagrado corporal que señala el disgusto hasta la exaltación impetuosa del rechazo descrita en la furia, se pueden graduar las respuestas intermedias como enfado, rabia, ira o cólera.   Las expresiones coloquiales “estoy negra” o “estoy quemada”, subrayan el calor y fuego en el cuerpo, propios de la rabia que inunda y quema por dentro.   Todo este conjunto apunta a una clase de experiencia subjetiva de sobrevivencia potente, la de la necesidad de diferenciar al Yo de aquello que amenaza sus límites o le impide expandir sus límites.

Las Emociones: el Bien y el Mal (3)

Tradición budista: Aflicciones Mentales Los principios del budismo son las llamadas “cuatro nobles verdades”.   LAS CUATRO NOBLES VERDADES La vida es sufrimiento, (dukka= insatisfacción penetrante), a causa de lo pasajero e insustancial que es la realidad La causa de dukka es el deseo (tanba = avidez/apego) Si eliminamos tanba, (el apego/la avidez), eliminamos la profunda insatisfacción del ser humano Existe un método para lograrlo denominado el Noble Sendero Octuple . Con él se alcanza el llamado CAMINO DE EN MEDIO, camino de liberación.   En esta tradición al desorden afectivo se le llama “aflicción mental”.   AFLICCIONES MENTALES Ira Cóleraresentimientorencor -envidiaceloscrueldad Apego AvariciaAutoestima exageradaOcultar propios defectosEmbotamientoExcitación – Orgullo (apego al yo) Ignorancia Fe ciegaPereza espiritualOlvidoFalta atención introspectiva Ignorancia + Apego PetulanciaEngañoDesvergüenzaDesconsideración a los demásFalta de escrúpulos –   En la tradición mística (gnósticos, cabalistas, sufíes), el sentido de la vida humana es la aventura de regreso a Dios.   El único propósito de los místicos es guiar al ser humano en su progreso espiritual y mostrarle cómo orientar esta intención hacia el Creador. Distinguen entre necesidad y deseo. NECESIDAD. Tiene dos componentes: 1) Carencia de algo, empuja a su satisfacción 2) Inevitable (leyes físicas, por ej.) DESEO. Apela a la libertad humana. “Escapar de las influencias de los astros” Se relaciona, no con satisfacción, sino con alta aventura Todos los métodos para ayudar a distinguir entre el ser natural/divino y el mecánico/material, son útiles en la medida que corren el velo que separa la ilusión del yo de la Divina Presencia en toda la creación.   El ser mecánico/natural es dirigido por la necesidad: por la percepción de carencia y la inevitabilidad de ir tras aquello que se percibe como satisfacción de la carencia El ser natural/divino es dirigido por el deseo de llevar una vida en sintonía con la Divina Presencia en la creación en general y la naturaleza en particular, desde la realidad concreta que le ha tocado vivir. El arte de la evolución humana tienen como eje el deseo, el sentido de la belleza y la sinceridad incondicional. El método se basa en el uso de la metáfora, el desarrollo de la creatividad, la des-literalización de la realidad y la meditación en base a cuentos. Especial cabida tienen las acciones que producen placer y humor.   Gracias por vuestra atención, Mª Antonia

Las Emociones: el Bien y el Mal (2)

Tradición judeo-cristiana: Pecados y Virtudes Sigamos con las tendencias humanas innatas. En esta tradición al desorden afectivo se le llama “pecado”.   Para cada pecado existe un castigo en el Purgatorio (como testimonia Dante en su Divina Comedia); además, se sugiere una virtud para combatirlo (y evitar la penitencia). Los 3 primeros atañen al propio cuerpo, los 4 siguientes a las relaciones con los otros.   La pereza es la tristeza del ánimo que impide actuar para superar la separación primordial con Dios. Incluye todos los actos potencialmente buenos omitidos. El castigo para estos pecadores es ser lanzados a una fosa llena de serpientes, para ver si picándolos se mueven…   La virtud a cultivar contra la pereza es la diligencia y la laboriosidad con alegría.   La gula es comer o beber o comprar sin medida; incluye todas las formas de exceso. Su castigo sería forzarles a estos pecadores a comer ratas, lagartijas y sapos vivos.   El remedio es la templanza: ingresar al cuerpo y a la vida la justa medida.   La lujuria incluye el excesivo interés por los asuntos sexuales. Su castigo es la asfixia con fuego y azufre; para que sufran con el recuerdo de cómo los quemaba la pasión.   La virtud para oponerse a la lujuria es la castidad, que es usar el sexo, de acuerdo a las reglas de Dios: solo dentro del matrimonio y solo con tu esposo/a, que sea un acto de entrega amorosa (hacer feliz al otro) y no un acto de egoísmo (solo importa lo que uno sienta), que si se quiere planear la familia, se haga con métodos naturales.   Ahora las tendencias que implican a otros seres:   La ira es el enfado sin medida, frecuente, el cultivo de la venganza y la dificultad para el olvido de los agravios. Este pecado es el único que se le reconoce una parte de buena: cuando es una respuesta a favor del interés de otros; su gran defecto surge en la venganza y el resentimiento. Su castigo es el desmembramiento del cuerpo.   El remedio para la ira es la paciencia, que calma los furores.   La envidia es la alegría por el dolor ajeno o el sufrimiento por la alegría ajena. El culpable de envidia es sumergido en agua helada. Su castigo es pasar hambre debajo de un manzano cargado de deliciosos frutos.   La virtud a cultivar contra la envidia es el amor al prójimo, que es amar de verdad a todos los hermanos, los que caen bien y los que no. Es siempre desear el bien de los otros.   La soberbia o el orgullo es el más grave de todos los pecados, pues impide al individuo reconocer su falta. Se refiere a la convicción de tener más importancia que otras personas, fundamentado en el desprecio del valor de los demás. Su castigo es la tortura en “la rueda”, donde gira en una y otra dirección sin tregua pasando por frío, calor, humedad, aridez.   La virtud que vence a la soberbia es la humildad. Ser humilde es no buscar que los otros le aplaudan, buscar pasar desapercibido, buscar ocupar el último lugar.   La avaricia o codicia es la focalización de la vida en conseguir bienes materiales y riqueza. El tratamiento expiatorio consiste en lanzarlos y cocerlos en una marmita de oro puro llena de aceite hirviendo (aceite de motor).   La virtud que vence a la avaricia es la generosidad, que es pensar en compartir y dar de lo propio. Siempre habrá otros que tienen más necesidad que uno mism@.   Hay que decir que la iglesia católica en marzo del 2008 agregó más pecados capitales, llamados “pecados sociales”. Son: No realizarás manipulaciones genéticas. No llevarás a cabo experimentos sobre seres humanos, incluidos embriones. No contaminarás el medio ambiente. No provocarás injusticia social. No causarás pobreza. No te enriquecerás hasta límites obscenos a expensas del bien común. No consumirás drogas.   En el siguiente cuadro se comparan los pecados con diagnósticos de trastornos psicológicos habituales y los remedios virtuosos correspondientes. El resultado es curioso: la presencia de conductas llamadas virtuosas en cada caso, es señal que el trastorno de base evoluciona satisfactoriamente TENDENCIAS NATURALEZA HUMANA A COMBATIR PECADOS CAPITALES TRASTORNOS EN EL CONTROL IMPULSOS Y DE LA PERSONALIDAD VIRTUDES CAPITALES Relación con el propio cuerpo Pereza T. Depresivo. T. Esquizoide Diligencia Gula (el exceso) T. Adictivos en general. Bulimia, Anorexia, Vigorexia, Compulsión comprar Ayuno Lujuria Adicción al sexo T. histriónico Castidad Relación con otros Ira T. Antisocial T. del control de los impulsos Templanza, Paciencia Envidia T. Paranoide T. limítrofe de la personalidad Amor fraternal Soberbia / Orgullo T. Narcisista Psicopatía Humildad, Obediencia, Sumisión Avaricia / Codicia T. Obsesivo-compulsivo Psicopatía Generosidad

Las Emociones: el bien y el mal (1)

Bajo la superficie de la racionalidad humana (del control consciente del comportamiento), existe un sub-mundo de emociones, afectos, complejos, olvidos personales y trans-generacionales, imágenes soñadas, imágenes no recordadas y aún no creadas, que son la causa de la complejidad del comportamiento humano y que la dinámica irracional de una persona sea un océano en permanente descubrimiento.   Es un hecho incuestionable que tras cada ideología personal existe una constelación de afectos personales ( a veces muy arcaicos) que la fundamentan, la nutren y la sostienen. Mientras mayor sea la rigidez, obcecación y contumacia de aquella ideología racional, mayor es el peso de la realidad emocional no asumida por aquella persona.   Para la psicología, la naturaleza emocional y afectiva humana son el recurso para valorar las experiencias y poder situarse, con consciencia de sí mism@ y con consciencia de otros en la circunstancia que toca vivir.   Esta tarea cada cultura la resuelve de un modo particular. Los sentires y acciones que concuerdan con ella son lo bueno, lo correcto lo que da tranquilidad de conciencia. Por el contrario, los sentires y acciones que no concuerdan con los usos de esa cultura son lo malo, lo que debería quitar sosiego a la conciencia.   Esta dinámica genera una zona oscura en cada ser humano; zona que tiende a negar, rechazar, perdiendo toda la información contenida en su zona ignorada.   Toda esta complejidad es abordada desde siempre por la teología y la filosofía para dar referentes de comprensión y de acción a los seres humanos en el contexto de la pregunta ¿cuál es la naturaleza humana? Y ¿qué hacer con ella?   Hoy revisaremos 3 tradiciones religiosas con un milímetro de profundidad, pero nos basta por ahora para ampliar el horizonte de nuestro análisis e insertarlo en el contexto cultural.   Las 3 tradiciones son: la judeocristiana, el budismo y el misticismo. Insisto que es un vuelo tan rápido que es seguro contiene errores graves. Para empezar advierto que estas tradiciones en su interior tienen muchas escuelas.   Toda la mitología a través de culturas y tiempos acerca del ser humano en el planeta, señala que, por alguna causa, el ser está fragmentado y tendemos a buscar unir los trozos dentro de un mundo progresivamente más enajenado. De hecho, la palabra religión significa volver a unir, re-unir lo que está separado.   Tradición judeo cristiana: PECADOS Y VIRTUDES La gran dificultad de las llamadas tradiciones del libro (la Biblia, la Torá y el Corán) es su tendencia a literalizar las realidades espirituales, niegan su profundidad metafórica, quedando entrampadas en dogmas y doctrinas. Por cierto Jesús se reveló contra esta tendencia en diversas ocasiones.   CONDICIÓN HUMANA PRIMORDIAL El pecado es la pre-disposición natural del ser humano a causa de la desobediencia a Dios de Adán y Eva en el Jardín del Edén. La acción fatal de esta primera pareja fue aspirar a ser como el mismo Dios: “Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis [por comer del fruto], sino que [] serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios” . (Génesis 3) Toda la raza humana participa de aquel pecado: “Por tanto como el pecado entro en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Nuevo Testamento, Romanos 5:12). La única forma por la cual podemos recibir perdón por nuestros pecados es por la fe en [Cristo Jesús, Alá, Jehová) En los actos concretos, cada ser humano debe eliminar el obstáculo que impide la bendición de Dios a través de la expiación: arrepentimiento y culpa (de la reparación se habla poco). La dirección del camino es llegar a la Jerusalén Celeste, lugar donde todos los opuestos son superados. Es un nuevo Edén, obsequiado por Dios, pues el hombre carnal y mortal, por sus méritos jamás podría recuperar su condición divina.

Las Emociones: Una de Cal y otra de Arena

“Gracias a la vida que me ha dado tanto, me ha dado la risa y me ha dado el llanto, con ellos distingo dicha de quebranto, los dos materiales que forman mi canto, y el canto de todos que es mi propio canto”…   … así canta la voz de Violeta Parra y con razón: las emociones son la sal de la vida; pero, también es cierto, que cuando ellas están bloqueadas o ignoradas son la raíz de la mayoría de nuestras quejas psicológicas e, incluso, físicas.   Las emociones sanas se caracterizan por ser intensas, de corta duración y necesarias en el contexto de las circunstancias que nuestro organismo las desencadena.   La gran función de las emociones es que permiten conectar a quien las experimenta con el sentido y con la valoración de su experiencia; de tal modo, que la emoción le permite fluir, crear y crecer a través de los distintos momentos de su experiencia.   Así como existen cinco colores básicos, de cuya combinación surge todo el abanico de tonalidades, así mismo, existen cinco emociones básicas de cuya combinación surge toda la gama de nuestras respuestas emocionales.   Las cinco emociones básicas son: alegría, amor, tristeza, miedo y rabia.   Amarilla es la alegría. Nos permite conectar con aquello que nos causa placer. Ella se experimenta como un impulso leve y ascendente en lo que estamos viviendo. Nos mueve a la acción. Se irradia luminosa y espontáneamente hacia afuera. La alegría nos dispone en forma positiva al exterior.   Blanco es el amor. Nos permite experimentar el vínculo que establecemos con personas, animales, situaciones, incluso objetos. El amor nos moviliza a la unión, al contacto y a la protección de todo aquello que amamos. El vínculo amoroso es el gran proveedor del sentido de vivir. Su gesto siempre es la aproximación.   Azul es la tristeza. Nos permite experimentar el dolor cuando perdemos algo de aquello a lo que nos sentimos vinculadas. El dolor de experimentar la pérdida de una relación muy valiosa, nos conecta con la pesadez, la sensación de descenso y de oscuridad que, también, forman parte de la vida. Los gestos de la tristeza nos retraen del contacto con el exterior, creando un espacio interior para digerir y asimilar en el espacio vacío de lo perdido, un nuevo sentido a muestra existencia.   Cuando percibimos amenazadas nuestra integridad física-psicológica y/o nuestros vínculos con otros; es decir, cuando percibimos amenazados nuestros límites, se activan las emociones de la respuesta violenta, las que dejan a nuestro cuerpo tembloroso, fatigado, oliendo a adrenalina, cargado de contracturas. Son las dos emociones que caracterizan al estrés: el miedo y la rabia.   El miedo es negro. Es la reacción de escape y de evitación cuando conectamos con nuestra vulnerabilidad y fragilidad, con nuestros limitados recursos para enfrentar las amenazas percibidas. Los gestos del miedo son la prudencia en un extremo y la evitación en el otro.   La rabia es roja. Es la reacción defensiva u ofensiva de ataque. En la rabia nuestro cuerpo se enfrenta con palabras y gestos al rechazo de aquello que vivimos como opresivo. Es la expresión del «¡ya me vale!», que nos permite cambiar y avanzar. El gesto de la rabia es la separación de lo otro.   En demasiadas ocasiones no sabemos ponerle nombre a lo que sentimos, o se lo negamos, o lo contenemos, o lo transformamos en otra cosa. Es, entonces, cuando comienzan a formarse otras emociones más complejas y que son fuente de sufrimiento, malos entendidos, desencuentros, malestares corporales e, incluso, enfermedades graves.   Cuando la combinación de las emociones básicas fluye mal, encontramos emociones como la envidia, los celos, la vergüenza, la culpa o el desamparo. Ellas son extremadamente comunes y surgen tempranamente en la experiencia de un niño. Se mantienen como hábitos mentales rígidos para enfrentarse y experimentarse a sí mismo y a las relaciones con otros, formando parte de la identidad.   Además, existe otro grupo de emociones que surgen de la transformación positiva de las emociones básicas en el curso de la madurez. Son las que aprendemos en la Universidad de la Vida: la esperanza, la paciencia, el sentido de la experiencia, la trascendencia…   De esta mezcla de colores y emociones seguiremos hablando otro día…   Gracias por vuestra atención, Ps. Mª Antonia Vargas Truyol

Las emociones, brújulas para vivir

A partir de las emociones sentidas y de una evaluación del contexto, podemos actuar en la dirección que nos dé mayor bienestar.   Cuando se renuncia a una emoción, por el motivo que sea: valoración social negativa, auto descalificación, prisa, etc., hay una porción auténtica de cada mujer que queda sin ser asumida.   Tenemos que recordar que las emociones se caracterizan por ser respuestas psicofisiológicas intensas, de corta duración. Cuando una emoción no se disuelve, permaneciendo a lo largo de horas, días, semanas… podemos estar seguras que no estamos leyendo el sentido de esa emoción y que la estamos utilizando para evitar enfrentar otro aspecto de nuestra vida, del que tenemos poca consciencia.   Es por esto que es muy aconsejable trabajar sobre estas emociones que se nos quedan atascadas y reververan en nuestra mente y en nuestro cuerpo una y otra vez.   En este sentido, las emociones sirven para tomar consciencia de aspectos importantes de cada una, que a veces ignoramos de manera alarmante.   Si ignoramos aspectos de nosotras mismas, ¿cómo podemos hacernos cargo o actuar sobre ellos?   Las emociones surgen en contextos de relación (externos o imaginados), como respuesta a los otros, a un tú. Adversario que actuando como espejo de aquello que no vemos, lo deja expuesto delante de nuestra nariz y ¡qué enfados!, ¡qué miedos!, ¡qué envidias!, que cargamos sobre aquel que trae una fotografía de nuestro yo ignorado.   Esta deliciosa pintura de Pablo Picasso nos habla de esto: nuestra deformada autoimagen la encontramos en el reflejo deformado del espejo que representa el otro.   Ignorando esta deformación epistemológica que padecemos todos los seres humanos, nos presentamos llenas de certezas, acusaciones, auto-victimización, falsa importancia, que cierran el paso a la sencilla honestidad que nos trae nuestro yo emocionado y convulso.   Me gusta esta pintura porque manifiesta esta realidad deformante del conocimiento humano de la que nadie puede huir.   Mujer ante el espejo. Pablo Picasso, 1931   Lo que no conocemos de nosotras mismas: o bueno, o malo, o por crear, primero aparece fuera, en la relación con un tú, y solo con trabajo interior, con verdadera humildad, gradualmente, lo comenzamos a aceptar como propio Es interesante esto de “verdadera humildad”. Recordemos que en el contexto teológico, la humildad es la virtud más elevada para un ser humano, la opuesta al peor de los pecados: orgullo/soberbia.   La palabra humildad, viene de la raíz latina humus que significa “tierra”. Su significado profundo es volver la mirada hacia sí mismo, aceptar las propias limitaciones, la propia bajeza, sumergiéndote en ella hasta alcanzar la maravilla que contienes y que muchas veces se desprecia.   En geología, se llama “humus” a la parte más fértil de la tierra.   Como ven esto no tiene nada que ver con los gestos exteriores casi compulsivos, derivados de dogmas religiosos. Más aún, la humildad es un gesto que desaparece apenas se toma consciencia que se está siendo humilde.   Este trabajo interior, solitario, en la medida que es el abandono de nuestras pesadas convicciones, nos prepara para el gran viaje a la nada, que un día todos hemos de hacer. Como escribiera Antonio Machado en el poema “Retrato” (1906):   Y cuando llegue el día del último viaje, y esté al partir la nave que nunca ha de tornar, me encontraréis a bordo ligero de equipaje, casi desnudo, como los hijos de la mar.   Para terminar, solo agregar que esta perspectiva es la alimenta el encuentro de los adversarios sobre el tatami en las tradiciones guerreras orientales: el otro, es quien viene a empujar tu transformación. Por eso se le slauda con respeto al iniciar y al acabar la lucha.   EJERCICIO: Haz una lista de tus emociones más recurrentes. Halla para cada una, aquello por lo que te es útil:   Por ej. miedo Me sirve para actuar con prudencia Gracias, Mª Antonia

La Rabia: sus Más y sus Menos (3)

IDEAS BÁSICAS PARA RELACIONARSE CON LOS AFECTOS DE LA CONSTELACIÓN DE LA RABIA ¡Confía en tu ira!. Ella te indica: Cuáles son tus problemas pendientes por resolver Cuáles situaciones no deberías tolerar.   Acepta tus sentimientos: Basta de avergonzarte o culpabilizarte por sentir rabia e ira.   Tienes derecho a tu enfado, rabia, furia e ira.   Conocer las raíces de tu ira puede llevarte a la necesidad de cambiar cosas en tu vida. Recuerda que los cambios pueden ser dolorosos.   Deja de culpar a otros por tu rabia, ira, furia.   Acepta tus sentimientos de rabia y de furor profundos.   Valora la constelación de los sentimientos rabiosos como fuente de crecimiento personal.   Tus ataques de ira, aunque sean justificados, no promueven cambio.   Si descargas agresiones, debes acertar con el destinatario y con la intensidad proporcionada al contexto.   Toda persona que provoca tu ira debería enterarse de ello a través de ti. Si no puedes sola busca ayuda con psicoterapeuta profesional.